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Lo que tu coche hace por ti

lunes, diciembre 20, 2010

El texto de hoy viene al hilo de un comentario a mi artículo sobre André Citroën publicado tanto aquí como en el blog amigo “From lost to de river” de uno de los lectores, que hacía referencia al origen de la numeración de los modelos de Peugeot, y que narraba una anécdota absolutamente verídica: del mismo modo que en ocasiones el cero central se usaba para camuflar el orificio de la manivela de arranque, hoy en día suele camuflar el botón de apertura de la tapa del maletero.

Al hilo de esto, decía, se me ha ocurrido que puede ser interesante hablar hay de todo aquello que antes hacíamos nosotros o nuestros padres para poder conducir y que hoy nuestros coches hacen por nosotros.

Hubo una época por ejemplo en la que, para arrancar el motor de tu coche te tenías que agachar delante de él y accionar una manivela, no siempre suave (de hecho más de una muñeca o brazo se partió gracias a rebotes de la misma si el mecanismo no estaba bien a punto), mientras que hoy sólo giramos la llave y esperamos a que el motor de arranque ponga en marcha el motor. Esa misma llave activa al mismo tiempo el circuito eléctrico y desbloquea el volante, todo con un sólo movimiento. Del mismo modo, apagar un coche diésel no era tan trivial como quitar la llave y ya está, también había que tirar del estrangulador para parar el motor (los vehículos diésel hasta no hace tanto funcionaban perfectamente sin electricidad, es decir, sin batería ni alternador operativos).

Manivela de arranque de un automóvil.

Hubo una época también en la que los coches llevaban un misterioso mando en el volante llamado regulador de avance de encendido (o a veces “regulador de octanaje”) que permitía modificar un parámetro de funcionamiento del motor que es relativamente complicado de explicar pero sin el cual el motor funcionaría con gran irregularidad, poca potencia y sonido de cafetera. Ese mando desapareció, al igual que el no tan antiguo estárter en los coches de gasolina o el interruptor de precalentamiento en los diésel. Con las cajas de cambio, si bien aún está muy extendido el cambio manual, pasa exactamente lo mismo. No es que los motores ya no necesiten todas esas cosas, sino que se han ido incorporando ingenios mecánicos, eléctricos y sobre todo electrónicos que han ido ocupándose automáticamente de todas esos asuntos.

Gracias a la electrónica hoy nuestros coches cuentan con un montón de sistemas de seguridad, casi siempre denominados con misteriosas abreviaturas (ABS, ASR, ESP, BAS), que nos permiten frenar o acelerar sin miedo a derrapar, pegar ciertos volantazos sin miedo a volcar o salirnos de la carretera, frenar con menos fuerza que antaño pero mucha más eficacia, etc. Últimamente los coches incluso regulan la velocidad sin que pisemos ningún pedal, frenan por nosotros si nos acercamos mucho al vehículo que nos precede, nos avisan si nos dormimos o nos salimos del carril y un montón de funciones que hacen más seguro y cómodo conducir, aunque personalmente pienso que nunca deberíamos perder de vista que, por mucho que nuestro coche nos ayude, conducir es una tarea compleja y peligrosa que debe requerir siempre toda nuestra atención, y no está de más saber qué es todo eso en lo que el coche nos está ayudando y como lo está haciendo.

Circuito del sensor de lluvia de un vehículo Mercedes-Benz.

Junto a todos estos sistemas mencionados más o menos necesarios, existen otros más triviales pero sin los que no concebiríamos un coche actual: limpiaparabrisas y encendido de luces automáticos, elevalunas y apertura y cierre de puertas eléctricos, todo tipo de cámaras para ampliar la visión… y eso por no entrar en el tema de navegadores, radios y equipos multimedia, donde la evolución está siendo aún más vertiginosa que en el resto de cosas.

Y es que la evolución de los últimos años de la historia del automóvil se define casi exclusivamente por la evolución (o casi siempre aparición) de todos esos elementos auxiliares, ya que por sofisticados que parezcan a fecha de hoy nuestros coches en todo lo básico aún son como como los de principios del siglo pasado. De casi todos los avances, eso sí, es culpable la electrónica, que ha sido la gran revolución también en los automóviles.

No obstante parece que, ahora sí, la evolución técnica del automóvil en este siglo, sin detenerse jamás la evolución de los elementos auxiliares, promete cambios más radicales en conceptos más básicos, como la aparición de nuevos tipos de motores, con lo cual nuestros coches ya sí empezarán a ser diferentes de los del pasado siglo. Estos cambios profundos ya se están materializando en cosas como los coches híbridos, que aunque existen hace unos cuantos años sólo ahora se puede decir que empiezan a ser verdaderamente populares. Por lo demás, parece que cosas como los coches voladores que pronosticaba la ciencia ficción seguirán siendo casi inexistentes (alguno existe en E.U.A., si bien parece más una avioneta que otra cosa), simplemente porque hoy por hoy no son prácticos ni necesarios. Y si alguien necesita un coche volador, lo mejor que puede hacer es sacarse el carné de piloto de helicóptero.

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¿Volkswagen o Porsche?

jueves, diciembre 09, 2010

No mucha gente conoce la estrecha relación existente entre Porsche y Volkswagen, que es mucha y muy curiosa y que llega a abarcar hasta nuestros días en los que forman parte del mismo grupo (lo cual se puede apreciar a simple vista comparando modelos como el Volkswagen Touareg y el Porsche Cayenne, cuyo parecido no es casual ya que comparten plataforma).

Para entender esta relación hay que saber cómo nació el Volkswagen Sedán o Tipo 1, conocido popularmente como “Escarabajo” por su evidente parecido con ese insecto (sobre todo visto desde atrás en sus primeras versiones, que no tenían ventanilla trasera). Este popularísimo modelo de Volkswagen se fabricó ni más ni menos que durante 65 años casi seguidos (sólo se paró la producción en la 2ª guerra mundial) produciéndose un total de 21.529.464 unidades.

El Escarabajo nació allá por 1931 cuando Ferdinand Porsche (ingeniero al que entre otras cosas se le atribuye haber construido en 1901 el primer vehículo híbrido: el Lohner-Porsche Mixte) estaba tratando de diseñar un vehículo extremadamente popular, un medio de transporte al que pudieran acceder todos los ciudadanos. De hecho, fue esta intención de construir un coche pequeño y práctico la que le hizo abandonar su puesto de director técnico en Daimler-Benz, para terminar fundando su propia empresa, la Dr. req. h.c. F. Porsche GmbH, Konstruktionen und Beratungen für Motoren und Fahrzeugbau.

Primero lo intentó con su socio Zündapp (creando el Porsche Tipo 12) y después con la compañía NSU (Porsche Tipo 32), ambos fabricantes de motos, sin gran éxito en ambos casos. Fue en 1933 cuando Adolf Hitler dio el apoyo definitivo al proyecto, ya que al igual que estaba exigiendo el desarrollo de otros productos populares, como la Volksempfänger (“radio para el pueblo”), encargó la producción del Volkswagen (coche del pueblo) a Ferdinand Porsche, para lo cual creó una factoría estatal y toda una ciudad alrededor de ella (actualmente llamada Wolfsburg). Alemania también iba a estrenar pronto unas novedosas y técnicamente avanzadas vías llamadas autopistas (autobahn en alemán), por lo que uno de los requisitos era que el nuevo vehículo sostuviese fácilmente velocidades superiores a 100 km/h. El señor Porsche tuvo listas las primeras unidades de preproducción a finales de 1935, y se produjeron algunas unidades antes de que en 1939 estallase la segunda guerra mundial, momento en que se interrumpiría la producción.

En estos momentos, justo antes de la guerra, Ferdinand Porsche tenía dos proyectos paralelos: por un lado el Volkswagen (oficialmente llamado KdF-Wagen en ese momento) encargado por el gobierno alemán y al que se dedicaba en persona, y por otro su propia empresa Porsche (más controlada por su hijo Ferdinand Porsche Jr. o “Ferry” Porsche) que por entonces estaba relacionada con la marca Wanderer, con el propósito de elaborar coches de carreras para un recientemente inaugurado programa estatal de competiciones de motor, en competencia con Daimler-Benz. Es curioso destacar también que Wanderer a su vez estaba integrada en Auto-Unión (que con el tiempo ha pasado a ser Audi).

Durante la guerra la factoría del Volkswagen sufrió algunos daños, por lo que costó mucho reanudar la producción, y sólo fue posible gracias a un militar inglés (el Mayor Ivan Hirst) que fue el único que se puso a ello tras el rechazo de los fabricantes británicos, franceses e incluso la propia Ford del proyecto de continuar la fabricación del coche, ya que lo valoraron como “poco rentable e interesante”. Fue en 1948 cuando se puede decir que nació la empresa Volkswagen más o menos como la entendemos hoy, y se normalizó la producción del “Escarabajo”. Desde entonces Volkswagen seguiría su propio camino, que la familia Porsche nunca volvió a influir desde el punto de vista directivo, pero del nunca se desligó económicamente.

La empresa Porsche, por su parte, terminó separándose de Wanderer (y por tanto de Auto-Unión) forzosamente tras la guerra para, de nuevo, emprender su aventura en solitario. El primer coche fabricado bajo la marca Porsche tal y como la conocemos, es el Porsche 356, que inicialmente aún compartía bastantes piezas con el KdF-Wagen. Era el sucesor del Porsche 64 (que no era otra cosa que una versión de carreras muy sofisticada del “Escarabajo”), y el predecesor del famosísimo Porsche 911. Del Porsche 356 se elaboró inicialmente de forma manual una pequeña serie en un viejo aserradero en Gmünd en un momento de grave crisis de la familia Porsche (de hecho Ferdinand Porsche pasó 20 meses en prisión acusado como “criminal de guerra” por diversas circunstancias políticas poco claras). Poco a poco consiguieron vender estos modelos preserie, incluso en colaboración con distribuidores de Volkswagen, y así poco a poco fueron levantándose de nuevo. Pronto llegaron incluso a asegurar su financiación ya que Volkswagen empezó a contratar a Porsche como asesores técnicos, y además les pagaban un pequeño “royalty” por cada unidad de “Escarabajo” vendida que, como ya hemos dicho, no fueron pocas.

A finales de 1950, poco antes de morir, Ferdinand Porsche Sr. visitó por primera vez tras la 2ª guerra mundial la fábrica de Volkswagen, dirigida entonces por Heinrich Nordhoff (un antiguo ejecutivo de Opel), y de algún modo se sintió satisfecho tras haber visto logrado su eterno proyecto de hacer un coche popular de gran éxito.

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